El límite a la reelección debe suponer una reforma política integral

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Desde hace tiempo insistimos en un diagnóstico: la provincia de Buenos Aires debe ser refundada. Son tantos y tan graves los problemas históricos que arrastra que ninguna reforma parcial es suficiente. En gran parte, los problemas se deben a las características propias de la provincia: concentra el 38% de la población total del país y aporta un porcentaje similar al PBI nacional. El gigantismo trae aparejado también problemas de similares dimensiones: casi el 70% de la población reside en el 1% del territorio.

Las dificultades de los bonaerenses se agravan porque, por costumbre, los gobernadores no suelen dedicarse a la gestión de la provincia, sino que toman el cargo como plataforma para candidaturas presidenciales. Le sucede a María Eugenia Vidal: fue una excelente candidata, pero es una pésima gobernadora. Varios editorialistas y dirigentes políticos la han puesto en danza para una eventual candidatura a suceder a Mauricio Macri. Una vez más: malas noticias para los bonaerenses.

Por estos días se debate en la Legislatura provincial una nueva reforma parcial. Se trata de la limitación a la reelección tanto de Intendentes como de Legisladores provinciales, Concejales y Consejeros Escolares. Si bien coincidimos con la propuesta y en mi caso la acompañaré en el recinto, creo que la reforma debe servir de oportunidad para debatir problemas más profundos del sistema político de la provincia de Buenos Aires.

Si de transformaciones se trata, es necesario repensar constitucionalmente la autonomía de los municipios que, mientras son el nexo más cercano del Estado con los vecinos, aún dependen de la buena voluntad del ejecutivo provincial para contar con los fondos necesarios para hacer frente a sus obligaciones. El sistema electoral de la provincia requiere también una reforma integral. Existen graves desequilibrios internos, que han significado la sobrerrepresentación electoral de las regiones del interior de la provincia y la subrepresentación de las secciones más pobladas. Como ejemplo, podemos señalar que mientras en la primera sección electoral cada legislador provincial representa a 2440.000 habitantes, en la séptima sección cada legislador representa 40.000 habitantes. El Poder Judicial y el Ministerio Público de la provincia deben también ser objeto de una revisión integral, del mismo modo que las fuerzas de seguridad provinciales, que oscilan entre los vestigios de la maldita policía y la creación desordenada de nuevas fuerzas locales que, en muchos casos, no cuentan con presupuesto para instrucción de los ingresantes ni para su funcionamiento eficiente.

Es coherente que todo aquel que cree en la política como modo de transformación de la realidad apoye la medida de limitación a la reelección en todos los cargos. La renovación es necesaria y obligatoria para la buena gestión. Además, el trasvasamiento generacional es un mandato peronista puesto en valor por Néstor y Cristina en los últimos doce años. Por tradición y por conciencia debemos apoyar este proyecto de ley. Tenemos que demostrarles a todos los argentinos que se puede trabajar de Intendente, de Gobernador o de Presidente, pero que eso es una etapa de la historia personal y nacional. Ese es el sentido de lo que afirmé hace algunas semanas: hay que vivir para la política y no de la política.

Pero vamos más allá: queremos discutir los grandes temas de la provincia de Buenos Aires. Por ello, convocamos a los distintos bloques y a la gobernadora Vidal a dar el debate, si es que de verdad hay vocación de cambio o, como preferimos decir nosotros, de transformar la realidad en beneficio de todos los bonaerenses.

El autor es diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires (FpV)

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